La gran batalla por las paredes

El fenómeno no distingue colores. Da igual si la pintura es guinda, azul, roja o de cualquier otro tono. Al final, los trabajadores contratados cumplen una misión sencilla: tapar un nombre y escribir otro.

Ciudad Juárez. – La guerra de las bardas ya es un tema de todos los días, cosa que pasado desapercibido para la mayoría de los ciudadanos que no les interesa la política pero no para quienes pagan para que nombres de sus amigos políticos y o de quiénes a un puesto de elección popular aparezcan en ellas.

Aunque todavía falta tiempo para los procesos electorales, en Ciudad Juárez ya comenzó una competencia que cada vez es más visible en distintos sectores de la ciudad: “La Guerra por las Bardas”.

En los últimos días han aparecido nombres de posibles aspirantes a cargos de elección popular pintados en muros, fincas y paredes. Sin embargo, en muchos casos esas pintas duran poco,

El fenómeno no distingue colores. Da igual si la pintura es guinda, azul, roja o de cualquier otro tono. Al final, los trabajadores contratados cumplen una misión sencilla: tapar un nombre y escribir otro. No hay ideologías ni debates de fondo; hay contratos que cumplir y paredes disponibles que conquistar.
Nombres como Antonio Domínguez Alderete, Diego Curiel, Carlos Martínez y otros personajes que buscan posicionarse en el ánimo ciudadano ya forman parte de esta batalla urbana. Una batalla donde el mensaje político dura menos que la pintura fresca y donde la permanencia de una pinta depende más del presupuesto disponible que de la aceptación popular.
Mientras tanto, las paredes siguen cambiando de dueño cada semana. Lo único seguro es que los negocios de pintura y quienes cobran por plasmar o borrar nombres viven una temporada de bonanza. Porque si algo ha quedado claro en esta contienda anticipada, es que en Juárez algunos políticos todavía creen que una barda habla más fuerte que los resultados.
La dinámica es sencilla. Un grupo pinta una barda, otro la borra y vuelve a pintarla. Después llega un tercero y hace exactamente lo mismo. Al final, las paredes terminan cambiando de nombre más seguido que algunos equipos cambian de entrenador.

 

El fenómeno no distingue colores. Da igual si la pintura es guinda, azul, roja o de cualquier otro tono. Al final, los trabajadores contratados cumplen una misión sencilla: tapar un nombre y escribir otro.

Ciudad Juárez. – La guerra de las bardas ya es un tema de todos los días, cosa que pasado desapercibido para la mayoría de los ciudadanos que no les interesa la política pero no para quienes pagan para que nombres de sus amigos políticos y o de quiénes a un puesto de elección popular aparezcan en ellas.
Aunque todavía falta tiempo para los procesos electorales, en Ciudad Juárez ya comenzó una competencia que cada vez es más visible en distintos sectores de la ciudad: “La Guerra por las Bardas”.
En los últimos días han aparecido nombres de posibles aspirantes a cargos de elección popular pintados en muros, fincas y paredes. Sin embargo, en muchos casos esas pintas duran poco,
El fenómeno no distingue colores. Da igual si la pintura es guinda, azul, roja o de cualquier otro tono. Al final, los trabajadores contratados cumplen una misión sencilla: tapar un nombre y escribir otro. No hay ideologías ni debates de fondo; hay contratos que cumplir y paredes disponibles que conquistar.
Nombres como Antonio Domínguez Alderete, Diego Curiel, Carlos Martínez y otros personajes que buscan posicionarse en el ánimo ciudadano ya forman parte de esta batalla urbana. Una batalla donde el mensaje político dura menos que la pintura fresca y donde la permanencia de una pinta depende más del presupuesto disponible que de la aceptación popular.
Mientras tanto, las paredes siguen cambiando de dueño cada semana. Lo único seguro es que los negocios de pintura y quienes cobran por plasmar o borrar nombres viven una temporada de bonanza. Porque si algo ha quedado claro en esta contienda anticipada, es que en Juárez algunos políticos todavía creen que una barda habla más fuerte que los resultados.
La dinámica es sencilla. Un grupo pinta una barda, otro la borra y vuelve a pintarla. Después llega un tercero y hace exactamente lo mismo. Al final, las paredes terminan cambiando de nombre más seguido que algunos equipos cambian de entrenador.

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