A Rosana se le atravesó el baño y su compañera Edith Palma Ontiveros atender un asunto más importante que lo que estaba ocurriendo en el Congreso; de la del PT ni hablamos.
Ciudad Juárez.- Chihuahua parece que la consigna no es aclarar. A una diputada, se le atravesó el baño. A la otra, un asunto “urgente” que hasta hoy no ha logrado explicar con claridad. El resultado es el mismo: un endeudamiento por 3 mil millones de pesos aprobado, mientras la narrativa interna habla de decepción, traición y castigos ejemplares.
Hoy ellas esta metidas en una hoguera donde regidores, diputados, diputadas y simpatizantes han levantado la llama—con leña verde, eso sí— para calcinar políticamente a dos legisladoras a las que se les atribuye lo ocurrido en el Congreso del Estado.
En medio del incendio aparece Rosana Díaz, quien se declara inocente y víctima de una injusticia política. Asegura que se le acusa sin fundamento por lo sucedido en el Congreso de Chihuahua, como si el problema no fuera la deuda; no estaba en su curul en el momento exacto.
Y es que, visto con frialdad, “no pasó nada”… solo se aprobó un endeudamiento millonario, defendido a capa y espada por diputados y funcionarios del Partido Acción Nacional, quienes sostienen que el dinero es indispensable para sacar adelante una larga lista de proyectos “necesarios” para los chihuahuenses. El discurso ya es conocido: deuda hoy, promesas mañana.
Rosana Díaz, por su parte, hizo lo que pudo. A través de los medios a su alcance, emitió un posicionamiento público en el que negó haber traicionado al pueblo de Chihuahua o al proyecto de la Cuarta Transformación, luego de los señalamientos por su presunto respaldo a la votación.
“Tenemos la disposición de que se aclare oportunamente la situación por la cual estamos siendo objeto del agravio colectivo mi compañera Édith Palma Ontiveros y una servidora”, dijo en un comunicado fechado este martes.
Aseguró que su actuar ha sido congruente con los principios del movimiento. De paso, aprovechó para restregarle en la cara a sus críticos que ella no actúa por intereses ni simulaciones, que es una diputada “trabajadora”, aunque —dicen algunos vecinos de su distrito— poco se le ha visto.
“Mi lealtad es con el pueblo, no con intereses ni simulaciones. He estado, estoy y seguiré del lado del pueblo, defendiendo las causas de la Cuarta Transformación con hechos, presencia y trabajo”, afirmó.
Por ahora, hay mucha tela de dónde cortar. El tiro ya está dado. Hay quienes piden linchamientos políticos, otros quieren borrar nombres de la historia o del padrón del partido. Sin embargo, todo indica que el fuego no pasará de unas llamaradas visibles desde el oriente.
Porque, al final, en la política mexicana suele bastar una disculpa tibia, un par de palmaditas en la espalda y un acuerdo en corto para que todo quede en el clásico borrón y cuenta nueva.
Y entonces, como siempre, no pasó nada.