Austria Galindo, “Lady Fashion”

Una columna publicada en la página “En la Mira del Teniente Errada” volvió a poner en el centro de la polémica a la titular de la Subsecretaría de Desarrollo Humano y Bien Común, Austria Galindo. El señalamiento es directo: mientras la dependencia debe atender a los sectores más pobres de Ciudad Juárez, la funcionaria estaría más enfocada en su imagen pública.

El texto la llama “Lady Fashion” y también “vicegobernadora”, al considerar que su estilo y presencia en redes sociales no corresponden al perfil de una funcionaria encargada de combatir la desigualdad. Se menciona que comparte constantemente fotografías de sus atuendos, sesiones producidas y apariciones en revistas, lo que para sus críticos refleja más interés en la promoción personal que en el trabajo en territorio.

La columna cuestiona que, en lugar de verse recorriendo colonias con mayores carencias, su imagen se asocie a eventos, reflectores y publicaciones cuidadas. Para muchos en la grilla local, el contraste es fuerte: una dependencia creada para atender la pobreza no debería proyectar lujo ni frivolidad.

También se señala que dentro de la propia Subsecretaría se habría acondicionado un espacio para peinado y maquillaje. Aunque no se presentan pruebas, el señalamiento ha sido suficiente para generar molestia y comentarios en distintos sectores políticos, donde se insiste en que la prioridad debería ser la atención directa a la gente.

Otro punto que se menciona son viajes fuera del país y recorridos que, según la crítica, se realizarían con recursos públicos. Esto ha generado preguntas sobre el uso del presupuesto y sobre si realmente se están atendiendo las necesidades más urgentes en la ciudad.

Finalmente, la publicación recuerda su cercanía con el senador morenista Javier Corral, a quien identifica como su principal respaldo político. En ese contexto, la crítica no solo apunta a Austria Galindo, sino al grupo que la impulsa. En una ciudad con altos niveles de pobreza, la imagen pública pesa, y cualquier señal de exceso o desconexión termina por cobrar factura política.

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