Por Redacción
Ciudad Juárez. – De nueva cuenta un nuevo escándalo sacude a la Junta Municipal de Aguas y Saneamiento (JMAS) en Ciudad Juárez, en donde vinculan a Sergio Nevares y que afecta directamente la comunicación institucional, y que aseguran haberse convertido en otro botín político.
El nombre de Rosario Coutiño comienza a resonar con fuerza en los pasillos de la dependencia y no precisamente por su trabajo, sino por lo que muchos consideran una operación silenciosa para apoderarse de una estructura clave dentro del organismo.
De acuerdo con información obtenida de manera extraoficial, Rosario habría sido contratada desde abril como asesora externa en el área de comunicación, bajo el argumento de profesionalizar la imagen institucional y capacitar al personal. Sin embargo, lejos de cumplir con esos objetivos, lo que ha hecho es instalar su propio equipo, desmantelando la unidad de comunicación existente, corriendo personal con años de experiencia y colocando a gente de su círculo.
Pero eso no es todo. A la asesoría externa, se suma un segundo contrato, esta vez como productora de contenido para la misma dependencia. Ambos convenios, firmados por un periodo de un año, representarían ingresos por alrededor de 200 mil pesos mensuales, lo que equivale a más de 2 millones de pesos anuales. Todo esto sin que hasta el momento se hayan visto resultados tangibles. En casi cuatro meses, lo único producido ha sido un spot promocional.
El asunto huele mal desde varios frentes. Primero, por el claro conflicto de interés: ella actúa como asesora y como proveedora al mismo tiempo. Segundo, porque su presencia se ha convertido en una fuerza de poder dentro de la JMAS, con capacidad para influir en decisiones administrativas y laborales. Se habla incluso de un respaldo político de alto nivel tal vez hasta de la misma gobernadora, lo cual explicaría por qué sus decisiones no han encontrado freno.
Quienes han intentado denunciar internamente estas irregularidades han sido desplazados o ignorados. Y aunque hay voces dispuestas a filtrar lo que ocurre, también hay temor.
Mientras tanto, los recursos públicos siguen fluyendo y las preguntas crecen. ¿Quién autorizó ambos contratos? ¿Dónde está la justificación técnica del gasto? ¿Y por qué nadie parece ponerle freno?
La JMAS se convirtió, de nuevo, en terreno fértil para los favores y los privilegios. Y el agua, como siempre, es lo de menos y lo que menos importa y claro de allí del bolsillo de los ciudadanos que pagan el costoso liquido a través de los recibos son quienes financean estos lujitos, la verdad falta comprobar los dichos pero lo que si es una realidad es que hay muchos descontentos.